El Sueño de los Rescatadores

por Ernesto Palner

tunel libros.jpg

 

 El Sueño de los Rescatadores  

                                           -Ellos-

 

Recordó nítidamente, que en esa gran habitación del sanatorio en la que había entre diez y doce personas, reinaba ese júbilo tan particular que se produce después de una internación prolongada, y ya sabiendo que el mal momento ha pasado, se imponen los preparativos del tan ansiado regreso a casa.

Entre hermosos arreglos florales, saludos, felicitaciones, y algún “yo ya sabía que te ibas a poner bien… “, se asoman por la puerta ellos. Serían, le pareció ver, tres hombres y dos mujeres, que rondarían todos entre los veinte y veinticinco años de edad. Con mucho sigilo, tratando de pasar inadvertido, uno de ellos se desplazó hacia adentro de la habitación, saludando muy naturalmente a quien se le cruzaba por delante. Con total soltura tomó unos libros que estaban sobre una mesa, y muy suavemente, con movimientos casi felinos, se fue retirando hacia el pasillo donde lo esperaban sus compañeros, para escabullirse todos juntos entre la gente que deambulaba por el sanatorio.

Él había estado observando todo ese desplazamiento, que no habrá durado, desde que se asomaron, más de treinta segundos. Cuando por fin pudo entender lo sucedido (siempre su cerebro responde un ratito después de lo que le gustaría en estos casos…), también se dio cuenta que uno de los libros que se habían llevado ellos, era suyo. Ninguna de las visitas notó, ó tomó en cuenta todos esos movimientos, quizás pensando que la persona que entró y tomó esos libros con tanta naturalidad, era un conocido del internado.

Salió al pasillo y emprendió la búsqueda de estos personajes. No habrá recorrido más de tres pasillos cuando dio con ellos. Se sorprendió al verlos en una situación muy similar a la vivida momentos antes. Otra vez estaban en la puerta de una habitación, y pudo ver como uno de ellos salía de allí con varios libros entre sus manos. El primer impulso de reclamar su libro y denunciar sus hábitos, fue demorado por vaya a saber qué motivo (y esta vez le agradeció a su cerebro el ratito que se tomó…).

Los estuvo siguiendo por el sanatorio y repitieron la misma escena varias veces más, todo esto para luego acomodarse en una sala de espera, mezclados con los pacientes, y entregarse a la lectura en una forma desaforada, ansiosa, desmedida; como si en esos libros estuviera escrito el modo de conocer los caminos para llegar al tan ansiado dharma, ó tal vez encontrar algún secreto que los lleve a ser poseedores de la más absoluta de las verdades; no levantaban la vista en ningún momento, se zambullían en los libros, sonreían, lloraban, gesticulaban, estaban sumergidos en esos textos, en esas historias, viviéndolas como propias.

Empezó a observarlos con más detenimiento siguiéndolos durante varios días, y de a poco, fue descubriendo su accionar. Hambrientos de lectura, recurrían a una técnica que parecían tener muy aceitada.  No hacían otra cosa que rescatar algún libro de los lugares donde nosotros los simples mortales nos entregamos a las letras. Luego, para leerlos, sorteaban los turnos respetándolos religiosamente, saciando su apetito por un rato nomás. Una vez que todos habían leído el material rescatado, lo devolvían a su lugar, y comenzaban otro periplo en una secuencia de estas acciones, interminable.

Este grupo de seres tan silenciosos, tan suaves en sus movimientos, y de necesidades vitales tan extrañas, le estaban inspirando simpatía y hasta un cierto afecto.

Lástima que en algún momento, cree que fue mientras los observaba amontonados en el subte oteando por sobre el hombro de un pasajero el libro que leía, no pudo más de cansancio y dormitó unos instantes. Al abrir los ojos, estaban caminando por el andén, y el subte retomando su marcha lo llevaba inexorablemente a perderles el rastro.

Preguntó primero en varias bibliotecas, pero le informaron que los conocían y hacía mucho tiempo que les habían prohibido la entrada, dado que si los dejaban pasar, luego, a la hora de cerrar las puertas, no había manera de hacerles abandonar la sala y armaban unos escándalos insoportables.

Todavía hoy los sigue buscando. Mira en las salas de espera, en los salones de estar de los hoteles, en las peluquerías, en los coche-cama de los trenes, pero triste y angustiosamente no los puede encontrar.

De todas formas, todo esto fue sólo un sueño. De esos sueños que no querría despertar, que desearía continuar y volver a soñar, esos que dejan una sensación de esperanza, y una sonrisa que querría perpetuar.

—————————————————————————————————————————————-

Ernesto Palner

 

————————————————————————————————————————

Si bien este espacio es para poder sacar algunas ideas, acomodar alguna neurona, y tratar de despegar un poquito de la realidad que generalmente me empuja contra el suelo… tu opinión ó comentario siempre será muy bien recibido.

Muchas gracias por el tiempo que empleaste llegando hasta acá, espero haberte dejado algún sentimiento, una idea, ó algo a cambio.

Salute!

————————————————-

 

 

 

 

Anuncios