Ernesto Palner

cuentos, poemas y pareceres

Mes: septiembre, 2014

Continuidad de los tiempos

Continuidad de los tiempos

de Cortázar a Arbolito y los otros

 

 “Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba del tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo por una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos”*

Aunque sabía que era una novela histórica, ó sea que no era más que una ficción basada en algún hecho real, sentía los sufrimientos y las pasiones de los personajes en lo más hondo de su cuerpo.

-Oiga Sargento, aliste a los hombres. Mañana al amanecer retomamos la marcha y los quiero a todos bien pertrechados, lanzamos la última embestida y eliminamos a todos esos indios de mierda.

-Si señor, aunque la tropa está un poco cansada señor… Pero a sus órdenes señor.

-Cansadas mis pelotas!!! Prepare a esos vagos y al que se amilane lo paso por mi facón, carajo!

Su mano izquierda, en estos pasajes del libro, se cerraba fuertemente, formando un puño que movía hacia arriba y abajo, rozando con los nudillos el terciopelo verde acariciado hasta hacía un momento.

A la madrugada siguiente, el ejército al mando del “guardián de las fronteras”, avanzó sobre la última toldería que quedaba a unas pocas leguas de Dolores, el primer pueblo patrio. Para economizar balas, que escaseaban en esos tiempos, el comandante mandó degollar a cuanto indio se encontrase, sean hombres, mujeres ó niños. Y así se hizo, a ningún milico se le ocurría contradecir al comandante, era mejor desertar y vivir desterrado y furtivo, antes que desafiar a terrible sanguinario. Degollar y economizar balas era la consigna.

Se dio cuenta, cuando ya le quemaba la piel de los nudillos al rozar tan insistentemente el terciopelo del sillón, que la novela lo estaba alterando demasiado. Decidió abandonarla un momento, y servirse un whisky con bastante hielo, para de paso refrescar su colorado puño. Al tomar el vaso con su mano derecha, notó una mancha roja en la manga de su robe de chambre beige que había traído de París hacía un mes. Pese a que esa mancha llamó su atención y lo puso de mal humor, decidió seguir con su novela.

-Le aseguro a mi pueblo, que todas estas muertes serán vengadas por mí y nuestros hombres –dijo el jefe ranquel-. Y tomo personalmente el compromiso de cumplir y hacer cumplir estas palabras –sentenció en su lengua mezcla de araucano, mapuche y ranquel.

En todas las comunidades aborígenes, reinaba el miedo, la angustia, el terror por las noticias llegadas sobre esos avances sanguinarios del ejército, al mando del que se hacía llamar “el guardián de las fronteras”. La única esperanza dentro de las comunidades, era saber que el jefe ranquel que se comprometía a defenderlos, no se rendiría hasta cumplir su promesa.

Al comandante le llegó la felicitación del gobernador desde Buenos Aires. Lo premiaba por su defensa de la patria, con 500 leguas cuadradas en el lugar conquistado que él eligiese.

Habrá sido por el whisky, por un día tan largo, ó no sabía porque,  pero de repente sintió mucho cansancio. Le pidió a su mayordomo que le prepara una cena liviana así se retiraba a descansar temprano, y así lo hizo. Al quitarse la bata, notó que no era  solamente una mancha roja en su manga, si no varias y por distintos sitios, tendría que avisarle al mayordomo que tenga más cuidado con su ropa.

Por la mañana recorrió la finca, se sintió conforme con la elección del personal a su cargo, había faltado un buen tiempo estando de viaje, pero se mantenía todo en perfectas condiciones. Tendría que ir pensando en delegar algunas cosas más, y dedicarse más tiempo a darse sus gustos. Almorzó en el parque, debajo de los robles, como solían hacerlo con su mujer cuando ésta aún vivía. Pidió que le sirvan el café en el estudio, se sentó en su sillón verde, con vista al parque, y se entregó a la lectura de las últimas páginas de la novela que tanto lo apasionaba.

Envalentonado por sus últimas incursiones en territorio indígena, y sintiéndose apoyado por Buenos Aires, el comandante sanguinario decidió seguir hacia el oeste, donde figuraban en su mapa otros asentamientos indígenas rebeldes a la corona española.

-Preparen a los hombres y con sus sables bien afilados, mañana retomamos nuestra ardua y gloriosa labor de agrandar las fronteras de la patria –les decía convencido de su buena obra a sus oficiales. Y para incitarlos a cumplir bien su matanza, les prometía terrenos para construir sus casas, que disfrutarían con sus familias al lograr conquistar ese desierto.

Leía esas palabras y sentía que él era el único hombre en la tierra capaz de frenar semejante matanza de inocentes. No podía dejar de rozar sus puños en el terciopelo del sillón. Sentía bajo sus pies la tierra de esas pampas cubiertas de sangre, escuchaba los alaridos de las mujeres y los niños, lo sacudía el dolor de esos hombres embestidos brutalmente en nombre de la civilización. Olía la sangre, acariciaba el cabello de las ancianas degolladas por su único pecado de ser nativas de esa tierra con tantas riquezas, y tan deseadas por esos invasores asesinos.

En la desenfrenada embestida, la que fue llamada la Batalla de las Vizcacheras, el comandante observaba la lucha desde la retaguardia de sus hombres, maravillado con la facilidad con que reducían a carne muerta a esos indígenas, era real que sus soldados estaban muy bien entrenados.

Nunca se supo si fue realmente el jefe ranquel, si fue un cabo de los Blandengues, ó si fue otro personaje del que se habla, pero que nadie pudo identificar. En lo que si coinciden varios historiadores, es que el cuerpo del comandante, ya sin cabeza, siguió ladeado en el flanco izquierdo del caballo, enganchado por uno de sus pies al estribo, atravesando el campo de batalla y barriendo con todo su cuerpo, la tierra empapada de sangre.

De la cabeza del  “guardián de las fronteras”, no se sabe quién la levantó, ni tampoco si la misma mano que la llevó de trofeo por varios pueblos, fue la misma que lo decapitó de un solo golpe.

Por la mañana, el mayordomo le dejó preparado el desayuno junto al hogar, con los leños encendidos. Luego, se dirigió al estudio para recoger el vaso de whisky, que como era costumbre, dejaba su patrón en la mesita, al lado del sillón verde. Las ventanas del estudio se encontraban selladas desde hacía mucho tiempo, nadie podía salir ni entrar al parque por ahí. No entendía como llegaron esas huellas de barro color marrón rojizo al estudio, ni tampoco porque su patrón, cuando bajó a desayunar, tenía un gesto como de satisfacción, como de deber cumplido…


Ernesto Palner

*”Continuidad de los Parques” de Julio Cortázar

—————————————–

Si bien este espacio es para poder sacar algunas ideas, acomodar alguna neurona, y tratar de despegar un poquito de la realidad que generalmente me empuja contra el suelo… tu opinión ó comentario siempre será muy bien recibido.

Muchas gracias por el tiempo que empleaste llegando hasta acá, espero haberte dejado algún sentimiento, una idea, ó algo a cambio.

Salute!

————————————————-

Ernesto Palner

256C2AFB5

Continuidad de los tiempos

de Cortázar a Arbolito y los otros

 

 “Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba del tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo por una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos”*

Aunque sabía que era una novela histórica, ó sea que no era más que una ficción basada en algún hecho real, sentía los…

Ver la entrada original 1.181 palabras más

Anuncios

Conciencia de ser

 

El que se celebra y se canta a si mismo,

al fin comprendido.

 

El pájaro que da cuerda,

y el mundo que no despierta.

 

El viejo en su mar,

dominando su vida a su modo.

 

El hidalgo caballero, con su peto y espaldar,

derribando uno a uno, todos los molinos.

 

Fierro retornando a su intacta vida,

rancho, familia y lugar.

 

Conciencia de la fragilidad,

soplando y resoplando,

haciendo remontar

todos los sueños.

 

Y fragilidad no es la palabra,

porque no puede ser en vano,

se precisa más de una vida,

putada, esa es la palabra.

 

¿Quién sabrá de los sueños no revelados?

¿Dónde quedarán los besos contenidos?

El resto de aire que guardo para vos,

¿se irá al viento así,

en un suspiro?

 

 

————————————————————————————————–

Decisiones

 

No me decido,

y no decido no decidirme,

yo solamente no me decido.

La decisión se pone en falta sola.

 

———————————————————————————–

Si bien este espacio es para poder sacar algunas ideas, acomodar alguna neurona, y tratar de despegar un poquito de la realidad que generalmente me empuja contra el suelo… tu opinión ó comentario siempre será muy bien recibido.

Muchas gracias por el tiempo que empleaste llegando hasta acá, espero haberte dejado algún sentimiento, una idea, ó algo a cambio.

Salute!

————————————————-

El Calcetín de Cecilia

 

 

El Calcetín de Cecilia

                                                              -ó de madres y desmadres-

 

Se pasó una hora buscando el calcetín rojo, podría haber usado unos rosados que estaban nuevos, pero en el mail ella había escrito claramente: estaré vestida totalmente de rojo.

Bueno sería, que después de tanto tiempo buscando una cita, se vaya todo a perder por semejante distracción, de ninguna manera, si dijo toda de rojo, iría toda de rojo. ¿Y dónde diablos se había metido ese bendito calcetín? Se reía de que pensara en el diablo buscando algo rojo, pero serían esas casualidades que suelen pasar, en esta oportunidad el diablo no metería la cola, ó al menos eso pensaba hasta ese momento, y por otro lado, el calcetín no se había metido sólo en un escondite, ella era la que no se acordaba donde lo había puesto, porque los calcetines no caminan solos. Pero si en vez de estar pensando en todas estas tonteras, buscara con más atención, y no volviera a buscar siempre en los mismos lugares, seguramente lo encontraría, tenía que concentrarse en lo que hacía, eso le decía siempre su madre, que ya iban para tres años que había muerto y ella todavía la seguía sintiendo como susurrando en su oído: -Cecilia, que te tienes que concentrar en lo que haces… -Cecilia, que si caminas siempre mirando el suelo no conseguirás novio… -Cecilia, que arréglate el cabello niña, que pareces una mojigata… -Cecilia, que eres tan distraída que un día perderás la cabeza… Y bueno, tan equivocada no estaba su madre, no perdió todavía la cabeza, pero sí perdió un calcetín, y en el momento menos oportuno.

Conclusión, que se le hizo tardísimo buscando el bendito calcetín, y lo había dejado junto a la pañoleta que tenía preparada para salir, que como también era de color rojo no se distinguía una prenda de la otra. ¿Sería el color rojo que atraía al diablo con sus maldades? No, no tenía que pensar así. De nuevo aparecía su madre susurrándole: -Cecilia, que si eres buena te pasarán cosas buenas…

Al fin, ya preparada para su ansiado encuentro, salió en camino a los fuertes brazos del amor. Porque seguramente ese caballero que le decía tan dulces cosas por mail, sería su amor para toda la vida, ella lo presentía, ya lo podía ver regresar del trabajo con un ramo de jazmines y ella esperándolo con una sonrisa y con la mesa servida, lo veía jugando con los niños que seguramente iban a tener, lo veía sentado a su lado mirando televisión, lo veía todo como una película, ó mejor, como en esas novelas que miraba junto a su madre.

Quizás, de no haberse demorado buscando ese calcetín, ó quizás si no hubiera elegido el color rojo, quién lo podrá saber, lo cierto es que al pasar por entre las vallas, que no debería haberlas atravesado, que para eso estaban las vallas, para que la gente no las atraviese…, justo en ese momento, doblan por la esquina los dos primeros corredores y tras ellos el embravecido toro que venían provocando y esquivando. Claro, la pobre Cecilia, que como venía escuchando los susurros de su madre, y soñando con su nueva vida, no escuchó los gritos de alerta.

No se puede acusar al animal que tan cebado estaba, ni a la pobre Cecilia que caminaba flotando en un futuro de rosas.

Lo cierto y triste es que, por culpa del destino,

ó vaya a saber por culpa de quién, usted…

de tan inesperado final,

fue.

 

                                                                                                                                             Ernesto Palner

———————————————————————————————————————–

Si bien este espacio es para poder sacar algunas ideas, acomodar alguna neurona, y tratar de despegar un poquito de la realidad que generalmente me empuja contra el suelo… tu opinión ó comentario siempre será muy bien recibido.

Muchas gracias por el tiempo que empleaste llegando hasta acá, espero haberte dejado algún sentimiento, una idea, ó algo a cambio.

Salute!

————————————————-