Interiores

por Ernesto Palner

 

Hubiera bastado el roce de una pluma sobre su pecho,

para que su corazón astillado, frágil,

reseco no de sangre, sino de lágrimas,

se desmoronara infinitamente en el tiempo.

 

No lo astilló la envidia, ni la codicia,

lo astilló el tiempo, la indiferencia, el desamor.

Lo astillaron los sueños, y las realidades;

por tan maravillosos los unos,

por las otras tan fatales.

 

Lo astilló la ilusión, y el miedo de ya no ser.

Se revolcó en el dolor,

lloró, lloró, lloró.

 

Cuando se vació de lágrimas,

se ahuecó su pecho,

quedó un espacio libre, vacío, infinito,

se sentó en el borde de ese hueco,

miró en su interior,

y por fin,

entró

en él.

                                                     

 

 

 Ernesto Palner

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Si bien este espacio es para poder sacar algunas ideas, acomodar alguna neurona, y tratar de despegar un poquito de la realidad que generalmente me empuja contra el suelo… tu opinión ó comentario siempre será muy bien recibido.

Muchas gracias por el tiempo que empleaste llegando hasta acá, espero haberte dejado algún sentimiento, una idea, ó algo a cambio.

Salute!

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