Don Ricardo

por Ernesto Palner

 

Don Ricardo, vive en Funes desde que tenía 8 años. Hoy cumple 82. Nunca le quedó muy claro que problema tuvo su familia para mudarse de Bahía Blanca a este pueblo. La versión que tenía, con algunos detalles que cambiaban con el tiempo, era que su padre había salido a cazar junto a dos amigos, y uno de ellos mató por accidente a un puestero del campo donde cazaban. Justo ese mismo día, según le dijeron en otra oportunidad, unos cuatreros se robaron alrededor de 50 novillos del mismo campo. Parece ser que la policía, al no encontrar ni a los ladrones, ni al asesino del puestero, sospechaba del padre de Don Ricardo. Otra versión que tenía, por parte de un vecino que se encontró ya de grande, teniendo 20 ó 22 años, era que los amigos del padre habían llegado a Bahía Blanca muy poco tiempo antes de estos hechos, y luego desaparecieron del pueblo sin que nadie supiera más nada de su suerte, aunque algunos decían que los habían visto por el lado de General Madariaga convertidos en “señores ganaderos” con hacienda de dudosa procedencia. Pero eran todas versiones; lo cierto, es que Don Ricardo salió de Bahía Blanca, una noche y de forma apresurada, con su mamá, su papá, sus dos hermanas y dos ó tres bultos con ropa.

A los dos meses de llegar a Funes, el padre, diciendo que iba a Buenos Aires por un trabajo, los abandona y no lo ven nunca más. Por supuesto que esto se lo contó la madre, mucho tiempo después que sucedió. Tanto para él como para sus hermanas, que tenían cuatro años una, y un año y medio la otra, el padre estaba trabajando en Buenos Aires, y en el momento menos pensado, ya volvería.

La madre, como no podía trabajar todo el día, estando ella sola para atender a él y a sus hermanas,  habló con el dueño de la única bicicletería que había en el pueblo, para ver si podía tomar a Ricardito como ayudante, que si bien tenía nomás 8 años de edad, las bicicletas eran su pasión y haría todo lo que le pida. El bicicletero, que se llamaba Carmelo, vivía sólo, su esposa (a la que siempre maltrataba por “no haberle dado” un hijo), lo había abandonado yéndose con un viajante de repuestos para tractores. El hombre no tenía quien lo ayude, y habiéndole gustado la madre de Ricardito, le dio el trabajo al chico, a cambio de unas monedas por semana.

Ricardito, a fuerza de trabajar casi como esclavo de Don Carmelo durante 12 años, aprendió el oficio de punta a punta. Una tarde, volvía de comprar el tabaco para pipa que le había pedido su patrón, y lo encontró muerto, víctima de un ataque cardíaco,  caído entre las viejas y oxidadas bicicletas que esperaban ser reparadas.

A partir de entonces, y como Don Carmelo no tenía familia, Ricardito se hizo cargo de la bicicletería. En Funes lo aprecian mucho. Siempre estuvo con su madre, y la cuidó hasta sus últimos días. Sus hermanas, hasta que se casaron, también estuvieron a su cuidado. Hoy, cosechaba su esfuerzo, con el respeto y el aprecio de casi toda la gente del pueblo.

Yo supe de Don Ricardo por un tal Anselmo Gómez, dueño del bar que está frente a la estación de Funes, y al que le dicen el Gorrión, que según pude comprobar le hacía honor al apodo, me contó todo lo que sabía del padre de Don Ricardo, sus amigos, y lo ocurrido en aquel campo cerca de Bahía Blanca hacía ya tanto tiempo, en una sola mañana, y casi sin tomar respiro.

Tal vez, si no fuera hoy el día de su cumpleaños, con tanta gente saludándolo, y al verlo tan querido y tan buena persona, yo hubiera terminado de hacer lo que venía planeando desde mi infancia, mi promesa; y aunque ha pasado tanto tiempo, y nosotros éramos otros los personajes, yo sentía el mandato de cumplirla.

Nunca sabrá Don Ricardo que fue su padre el que mató al puestero en aquel campo de Bahía Blanca, y sólo para robarle la hacienda. Tampoco sabrá que el puestero tenía un hijo. Y menos aún sabrá, que ese hijo, con una escopeta cargada, y queriendo vengar una muerte, estuvo todo un día en su pueblo, Funes.

 

 

Ernesto Palner

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Si bien este espacio es para poder sacar algunas ideas, acomodar alguna neurona, y tratar de despegar un poquito de la realidad que generalmente me empuja contra el suelo… tu opinión ó comentario siempre será muy bien recibido.

Muchas gracias por el tiempo que empleaste llegando hasta acá, espero haberte dejado algún sentimiento, una idea, ó algo a cambio.

Salute!

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