Ernesto Palner

cuentos, poemas y pareceres

Asperezas

 

Será el individualismo,

el neo-liberalismo,

el pesimismo,

o algún otro ismo,

pero últimamente

cada vez hay más sujetos

que hay que mover, y mover

de casillero.


Hoy los ponés en el de “un tanto ignorantes”,

pero mañana te das cuenta que no.


Los pasás al de “reverendos hijos de puta”,

pero luego los tenés que volver a su lugar original,

demostraron supina ignorancia.


En menos de un segundo nuevamente son mala gente,

de puro ignorantes, o no, pero mala gente,

y van pasando de casillero a casillero,

infinitamente, inconscientemente,

lastimando y abollando cuanto ser se les cruce,

sin escalas.


Así van, desorientando al prójimo,

sin poder predecirlos,

ni tan siquiera ayudarlos en su indefinida vida,

absolutos huérfanos de lógica alguna.


Hijos de puta, pero hijos de puta de verdad,

inteligentes, coherentes,

y premeditados hijos de puta,

que se pueda decir:

-¡Qué flor de hijo de puta!

muy pocos…

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…en esa desintegración que la maldad provoca

nos sentimos todos licuados…

…nos acompañamos en los ojos abiertos,

y eso en algún momento florecerá en cambios.

                                                                              Loli

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De peces náufragos

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De peces náufragos

Cuando despertó, otra nueva lágrima rodaba hasta su boca.

Buscó lo ausente, sabiendo de su ausencia.

Se levantó erguido, apoyó firmes los pies en la tierra,

abrió el pecho aspirando muy hondo, aunque raspara.

La ventana ya estaba abierta.

Solamente fue despegarse del suelo, soltarse, abrir los brazos.

Luego reír, reír, y reír, sintiendo el viento que le deformaba la cara,

en ese vuelo definitivo, refrescante,

liberador.

 

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-Microficción, seleccionada por El Pez Náufrago, el excelente ciclo radial del estimado Tom Lupo.

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El Pato y la Justicia

 

 

El Pato y la Justicia

 

Lo bueno de las crucetas del 2CV era que avisaban antes de romperse, hacían un crack, crack, crack, muy sonoro, y si tenías el Citroen hacía un tiempo, ya sabías que eran las crucetas que estaban dando por terminada su vida útil, y más te valía andar despacio, sobre todo en calles de empedrado ó poceadas.

Uno de los días de crack, crack, crack, andaba por el barrio de la Boca, iba subiendo al puente que cruzaba hacia el otro lado del Riachuelo, y al comienzo de la subida había un cartel que decía “CAMIONES POR LA DERECHA”. Era un puente de hierro, todavía conservaba las vías del tranvía y unos parches de asfalto nuevo sobre el asfalto viejo totalmente destruido, además de adoquines de diferentes épocas, desparejos, y con pozos entre medio de ellos como para romper cualquier auto si uno andaba medio desprevenido.

Como iba a tener que cruzar despacio, se puso en el carril de la derecha para no estorbar al tráfico. Arriba, en el medio del puente, había un puesto policial delimitando la capital federal con provincia. Lo detuvo un policía, y después de pedirle toda la documentación personal y la del auto, le dijo que tenía que hacerle una multa por transitar por el carril derecho. Con sus 18 años recién cumplidos, le comentó que en el cartel que estaba al comienzo del puente decía “CAMIONES POR LA DERECHA”, y no decía que sea exclusivo para camiones, lo cual habilitaba a circular por ese carril. Al policía le importó tres carajos su relato, era evidente que lo sabía, pero si no arreglaba… le tenía que hacer un acta de infracción. No entraba en su cabeza darle una coima a nadie, le respondió que le haga la multa si quería, que luego él se arreglaría en todo caso hablando con el juez.

A los pocos meses lo citaron al tribunal municipal de faltas, ex Mercado del Plata. Se presentó ante el juez, que como en las películas estaba en un estrado por lo menos un metro arriba de su cabeza, y de su lado unas pocas sillas donde se sentaban todos los supuestos infractores. Cuando lo llamó al estrado, y sin que él dijera una palabra, le leyó lo redactado por el policía, ó sea que había circulado por el carril derecho en el puente, y que tenía que pagar $ 100 de multa. La conversación fue más ó menos así:

JUEZ: -Señor, usted cometió la falta citada en el acta correspondiente y debe abonar una multa de $ 100 en caja, luego con el recibo se presenta a mi secretario y se libera de la infracción.

ÉL: -Señor ju….

JUEZ: -No no no, escúcheme bien, porque no se lo repito, si usted paga ahora son $ 100, si usted quiere hablar, y lo tengo que escuchar, va a pagar un mínimo de $ 500 diga lo que diga.

ÉL: -Pero es que le quiero explic….

JUEZ: -Explíqueme lo que quiera, pero entienda que si sigue hablando la multa es de $ 500 ó más, de lo contrario se mantiene callado, va a pagar los $ 100, y se cierra el caso.

Por supuesto, pagó los $ 100 y se volvió a su casa con la indignación, la bronca y la impotencia bien dobladitas en el bolsillo.

Era el año 1975, tenía  18 años, y fue su primera experiencia con “la justicia”.

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Respuestas

ORÁCULO-DELFOS

Respuestas

                                                                                   -¿Qué hago ahora,

                                                                                                 dónde pongo lo hallado?

                                                                                                              -Silvio Rodriguez-

Un día llegó la pregunta,

buscó, buscó,

y buscó.

 

Llegó una respuesta,

lo agarró con la guardia baja

como casi siempre

como debe ser

y no respondió

nada.

 

Como casi siempre,

como debe ser

el toro por las astas

ó nada.


 

 


Si bien este espacio es para poder sacar algunas ideas, acomodar alguna neurona, y tratar de despegar un poquito de la realidad que generalmente me empuja contra el suelo… tu opinión ó comentario siempre será muy bien recibido.

Muchas gracias por el tiempo que empleaste llegando hasta acá, espero haberte dejado algún sentimiento, una idea, ó algo a cambio.

Salute!

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Cosas que pasan

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Cosas que pasan

                                                   -Che ci crediate o no-

 

En el año 1976, luego de abandonar por diferentes motivos la facultad de ingeniería, entré a trabajar en una fábrica de frenos para automóviles, camiones, tractores, etc., llamada Bendix, en el departamento de control de calidad.

El primer día de trabajo, me presentaron a un compañero llamado Corizzo, alias el Chori, que sería el encargado de presentarme a los demás integrantes de nuestro dpto, alrededor de unas 40 personas.

En cuanto me saludó, se asombró por el parecido físico que tenía con su hermano menor, quien también trabajaba en la fábrica, en nuestro mismo dpto. Como Chori era una persona muy afecta a la diversión, un jodón para ser más preciso, se le ocurrió presentarme ante los compañeros como el hermano mellizo de su hermano menor.

Evidentemente el parecido sería muy real porque toda la gente de la fábrica me veía como el hermano nuevo de los Corizzo, y en más de una ocasión tuve que aclarar que era yo, y no el otro, que también por cierto era un tipo muy extrovertido y jodón, como su hermano real, y no como el que suscribe…

Con el tiempo, empezamos a juntarnos con mi nuevo “hermano” fuera del horario de trabajo, algunos viernes ó sábado a la noche, dado que compartíamos muchos gustos similares, y en todos lados nos presentábamos uno al otro como “mi hermano mellizo”.

Casualmente, en una ocasión, coincidimos en el mismo transporte a la salida del trabajo,  en el viaje de vuelta a nuestras casas, Íbamos sentados uno al lado del otro, y me comentó que se dirigía a la avenida Cabildo para buscar un regalo para su novia, que cumplía años al otro día. No fue poca mi sorpresa, yo había cambiado ese día de línea de colectivo justamente por ese mismo motivo, buscar un regalo para mi novia que cumplía años el día siguiente, y me dirigía al mismo centro comercial. No sólo éramos “casi” mellizos, teníamos una novia que cumplía años exactamente el mismo día que la otra.

No recuerdo como fue el siguiente detalle que nos paralizó, estábamos buscando regalos para nuestras queridas cumpleañeras, creo que eligiendo una cadenita para el cuello, con un dije de plata con la inicial del nombre de la agasajada, ó algo similar, pero en algún momento, uno de los dos nombró a su pareja, automáticamente los dos nos quedamos asombrados, incrédulos, temerosos… teníamos también, por increíble que parezca, además de nuestro llamativo parecido físico, novias que habían nacido el mismo día, y que compartían el mismo nombre…

Por si cabe la aclaración, y por suerte para nosotros, no compartían otra cosa más que lo dicho…

Salute!

POSDATA

El 26 de Octubre de 1976, mi hermano postizo, quien nunca jamás había militado en ningún partido político, como en ninguna actividad estudiantil ni gremial, al salir de la fábrica fue llevado en un auto civil, sin patente, por tres personas trajeadas, nunca se supo más nada de él.

Desde el 10 de Noviembre de 1976 vivo en esta ciudad, las noches son muy frías, e infinitamente largas.

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El Sueño de los Rescatadores

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 El Sueño de los Rescatadores  

                                           -Ellos-

 

Recordó nítidamente, que en esa gran habitación del sanatorio en la que había entre diez y doce personas, reinaba ese júbilo tan particular que se produce después de una internación prolongada, y ya sabiendo que el mal momento ha pasado, se imponen los preparativos del tan ansiado regreso a casa.

Entre hermosos arreglos florales, saludos, felicitaciones, y algún “yo ya sabía que te ibas a poner bien… “, se asoman por la puerta ellos. Serían, le pareció ver, tres hombres y dos mujeres, que rondarían todos entre los veinte y veinticinco años de edad. Con mucho sigilo, tratando de pasar inadvertido, uno de ellos se desplazó hacia adentro de la habitación, saludando muy naturalmente a quien se le cruzaba por delante. Con total soltura tomó unos libros que estaban sobre una mesa, y muy suavemente, con movimientos casi felinos, se fue retirando hacia el pasillo donde lo esperaban sus compañeros, para escabullirse todos juntos entre la gente que deambulaba por el sanatorio.

Él había estado observando todo ese desplazamiento, que no habrá durado, desde que se asomaron, más de treinta segundos. Cuando por fin pudo entender lo sucedido (siempre su cerebro responde un ratito después de lo que le gustaría en estos casos…), también se dio cuenta que uno de los libros que se habían llevado ellos, era suyo. Ninguna de las visitas notó, ó tomó en cuenta todos esos movimientos, quizás pensando que la persona que entró y tomó esos libros con tanta naturalidad, era un conocido del internado.

Salió al pasillo y emprendió la búsqueda de estos personajes. No habrá recorrido más de tres pasillos cuando dio con ellos. Se sorprendió al verlos en una situación muy similar a la vivida momentos antes. Otra vez estaban en la puerta de una habitación, y pudo ver como uno de ellos salía de allí con varios libros entre sus manos. El primer impulso de reclamar su libro y denunciar sus hábitos, fue demorado por vaya a saber qué motivo (y esta vez le agradeció a su cerebro el ratito que se tomó…).

Los estuvo siguiendo por el sanatorio y repitieron la misma escena varias veces más, todo esto para luego acomodarse en una sala de espera, mezclados con los pacientes, y entregarse a la lectura en una forma desaforada, ansiosa, desmedida; como si en esos libros estuviera escrito el modo de conocer los caminos para llegar al tan ansiado dharma, ó tal vez encontrar algún secreto que los lleve a ser poseedores de la más absoluta de las verdades; no levantaban la vista en ningún momento, se zambullían en los libros, sonreían, lloraban, gesticulaban, estaban sumergidos en esos textos, en esas historias, viviéndolas como propias.

Empezó a observarlos con más detenimiento siguiéndolos durante varios días, y de a poco, fue descubriendo su accionar. Hambrientos de lectura, recurrían a una técnica que parecían tener muy aceitada.  No hacían otra cosa que rescatar algún libro de los lugares donde nosotros los simples mortales nos entregamos a las letras. Luego, para leerlos, sorteaban los turnos respetándolos religiosamente, saciando su apetito por un rato nomás. Una vez que todos habían leído el material rescatado, lo devolvían a su lugar, y comenzaban otro periplo en una secuencia de estas acciones, interminable.

Este grupo de seres tan silenciosos, tan suaves en sus movimientos, y de necesidades vitales tan extrañas, le estaban inspirando simpatía y hasta un cierto afecto.

Lástima que en algún momento, cree que fue mientras los observaba amontonados en el subte oteando por sobre el hombro de un pasajero el libro que leía, no pudo más de cansancio y dormitó unos instantes. Al abrir los ojos, estaban caminando por el andén, y el subte retomando su marcha lo llevaba inexorablemente a perderles el rastro.

Preguntó primero en varias bibliotecas, pero le informaron que los conocían y hacía mucho tiempo que les habían prohibido la entrada, dado que si los dejaban pasar, luego, a la hora de cerrar las puertas, no había manera de hacerles abandonar la sala y armaban unos escándalos insoportables.

Todavía hoy los sigue buscando. Mira en las salas de espera, en los salones de estar de los hoteles, en las peluquerías, en los coche-cama de los trenes, pero triste y angustiosamente no los puede encontrar.

De todas formas, todo esto fue sólo un sueño. De esos sueños que no querría despertar, que desearía continuar y volver a soñar, esos que dejan una sensación de esperanza, y una sonrisa que querría perpetuar.

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Ernesto Palner

 

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Si bien este espacio es para poder sacar algunas ideas, acomodar alguna neurona, y tratar de despegar un poquito de la realidad que generalmente me empuja contra el suelo… tu opinión ó comentario siempre será muy bien recibido.

Muchas gracias por el tiempo que empleaste llegando hasta acá, espero haberte dejado algún sentimiento, una idea, ó algo a cambio.

Salute!

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Ansias

Y por momentos,

parece que sus ojos

buscaran un remanso

y caricias en los míos,

 

en los míos,

tan ansiosos de cobijarla.

 

Entonces,

¿son sus ojos lo que veo?

¿ó son las ansias de los míos?

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Ernesto Palner

 

 

 

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Si bien este espacio es para poder sacar algunas ideas, acomodar alguna neurona, y tratar de despegar un poquito de la realidad que generalmente me empuja contra el suelo… tu opinión ó comentario siempre será muy bien recibido.

Muchas gracias por el tiempo que empleaste llegando hasta acá, espero haberte dejado algún sentimiento, una idea, ó algo a cambio.

Salute!

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De querer y hacer

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De tanto hacer

lo que tenía que hacer,

se olvidó

que quería hacer.

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El Calcetín de Cecilia

El Calcetín de Cecilia

                                                              -ó de madres y desmadres-

Se pasó una hora buscando el calcetín rojo, podría haber usado unos rosados que estaban nuevos, pero en el mail ella había escrito claramente: estaré vestida totalmente de rojo.

Bueno sería, que después de tanto tiempo buscando una cita, se vaya todo a perder por semejante distracción, de ninguna manera, si dijo toda de rojo, iría toda de rojo. ¿Y dónde diablos se había metido ese bendito calcetín? Se reía de que pensara en el diablo buscando algo rojo, pero serían esas casualidades que suelen pasar, en esta oportunidad el diablo no metería la cola, ó al menos eso pensaba hasta ese momento, y por otro lado, el calcetín no se había metido sólo en un escondite, ella era la que no se acordaba donde lo había puesto, porque los calcetines no caminan solos. Pero si en vez de estar pensando en todas estas tonteras, buscara con más atención, y no volviera a buscar siempre en los mismos lugares, seguramente lo encontraría, tenía que concentrarse en lo que hacía, eso le decía siempre su madre, que ya iban para tres años que había muerto y ella todavía la seguía sintiendo como susurrando en su oído: -Cecilia, que te tienes que concentrar en lo que haces… -Cecilia, que si caminas siempre mirando el suelo no conseguirás novio… -Cecilia, que arréglate el cabello niña, que pareces una mojigata… -Cecilia, que eres tan distraída que un día perderás la cabeza… Y bueno, tan equivocada no estaba su madre, no perdió todavía la cabeza, pero sí perdió un calcetín, y en el momento menos oportuno.

Conclusión, que se le hizo tardísimo buscando el bendito calcetín, y lo había dejado junto a la pañoleta que tenía preparada para salir, que como también era de color rojo no se distinguía una prenda de la otra. ¿Sería el color rojo que atraía al diablo con sus maldades? No, no tenía que pensar así. De nuevo aparecía su madre susurrándole: -Cecilia, que si eres buena te pasarán cosas buenas…

Al fin, ya preparada para su ansiado encuentro, salió en camino a los fuertes brazos del amor. Porque seguramente ese caballero que le decía tan dulces cosas por mail, sería su amor para toda la vida, ella lo presentía, ya lo podía ver regresar del trabajo con un ramo de jazmines y ella esperándolo con una sonrisa y con la mesa servida, lo veía jugando con los niños que seguramente iban a tener, lo veía sentado a su lado mirando televisión, lo veía todo como una película, ó mejor, como en esas novelas que miraba junto a su madre.

Quizás, de no haberse demorado buscando ese calcetín, ó quizás si no hubiera elegido el color rojo, quién lo podrá saber, lo cierto es que al pasar por entre las vallas, que no debería haberlas atravesado, que para eso estaban las vallas, para que la gente no las atraviese…, justo en ese momento, doblan por la esquina los dos primeros corredores y tras ellos el embravecido toro que venían provocando y esquivando. Claro, la pobre Cecilia, que como venía escuchando los susurros de su madre, y soñando con su nueva vida, no escuchó los gritos de alerta.

No se puede acusar al animal que tan cebado estaba, ni a la pobre Cecilia que caminaba flotando en un futuro de rosas.

Lo cierto y triste es que, por culpa del destino,

ó vaya a saber por culpa de quién, usted…

de tan inesperado final,

fue.

                                                                                                                                             Ernesto Palner

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Si bien este espacio es para poder sacar algunas ideas, acomodar alguna neurona, y tratar de despegar un poquito de la realidad que generalmente me empuja contra el suelo… tu opinión ó comentario siempre será muy bien recibido.

Muchas gracias por el tiempo que empleaste llegando hasta acá, espero haberte dejado algún sentimiento, una idea, ó algo a cambio.

Salute!

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