Ernesto Palner

cuentos, poemas y pareceres

De peces náufragos

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De peces náufragos

Cuando despertó, otra nueva lágrima rodaba hasta su boca.

Buscó lo ausente, sabiendo de su ausencia.

Se levantó erguido, apoyó firmes los pies en la tierra,

abrió el pecho aspirando muy hondo, aunque raspara.

La ventana ya estaba abierta.

Solamente fue despegarse del suelo, soltarse, abrir los brazos.

Luego reír, reír, y reír, sintiendo el viento que le deformaba la cara,

en ese vuelo definitivo, refrescante,

liberador.

 

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-Microficción, seleccionada por El Pez Náufrago, el excelente ciclo radial del estimado Tom Lupo.

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El Pato y la Justicia

 

 

El Pato y la Justicia

 

Lo bueno de las crucetas del 2CV era que avisaban antes de romperse, hacían un crack, crack, crack, muy sonoro, y si tenías el Citroen hacía un tiempo, ya sabías que eran las crucetas que estaban dando por terminada su vida útil, y más te valía andar despacio, sobre todo en calles de empedrado ó poceadas.

Uno de los días de crack, crack, crack, andaba por el barrio de la Boca, iba subiendo al puente que cruzaba hacia el otro lado del Riachuelo, y al comienzo de la subida había un cartel que decía “CAMIONES POR LA DERECHA”. Era un puente de hierro, todavía conservaba las vías del tranvía y unos parches de asfalto nuevo sobre el asfalto viejo totalmente destruido, además de adoquines de diferentes épocas, desparejos, y con pozos entre medio de ellos como para romper cualquier auto si uno andaba medio desprevenido.

Como iba a tener que cruzar despacio, se puso en el carril de la derecha para no estorbar al tráfico. Arriba, en el medio del puente, había un puesto policial delimitando la capital federal con provincia. Lo detuvo un policía, y después de pedirle toda la documentación personal y la del auto, le dijo que tenía que hacerle una multa por transitar por el carril derecho. Con sus 18 años recién cumplidos, le comentó que en el cartel que estaba al comienzo del puente decía “CAMIONES POR LA DERECHA”, y no decía que sea exclusivo para camiones, lo cual habilitaba a circular por ese carril. Al policía le importó tres carajos su relato, era evidente que lo sabía, pero si no arreglaba… le tenía que hacer un acta de infracción. No entraba en su cabeza darle una coima a nadie, le respondió que le haga la multa si quería, que luego él se arreglaría en todo caso hablando con el juez.

A los pocos meses lo citaron al tribunal municipal de faltas, ex Mercado del Plata. Se presentó ante el juez, que como en las películas estaba en un estrado por lo menos un metro arriba de su cabeza, y de su lado unas pocas sillas donde se sentaban todos los supuestos infractores. Cuando lo llamó al estrado, y sin que él dijera una palabra, le leyó lo redactado por el policía, ó sea que había circulado por el carril derecho en el puente, y que tenía que pagar $ 100 de multa. La conversación fue más ó menos así:

JUEZ: -Señor, usted cometió la falta citada en el acta correspondiente y debe abonar una multa de $ 100 en caja, luego con el recibo se presenta a mi secretario y se libera de la infracción.

ÉL: -Señor ju….

JUEZ: -No no no, escúcheme bien, porque no se lo repito, si usted paga ahora son $ 100, si usted quiere hablar, y lo tengo que escuchar, va a pagar un mínimo de $ 500 diga lo que diga.

ÉL: -Pero es que le quiero explic….

JUEZ: -Explíqueme lo que quiera, pero entienda que si sigue hablando la multa es de $ 500 ó más, de lo contrario se mantiene callado, va a pagar los $ 100, y se cierra el caso.

Por supuesto, pagó los $ 100 y se volvió a su casa con la indignación, la bronca y la impotencia bien dobladitas en el bolsillo.

Era el año 1975, tenía  18 años, y fue su primera experiencia con “la justicia”.

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Respuestas

ORÁCULO-DELFOS

Respuestas

                                                                                   -¿Qué hago ahora,

                                                                                                 dónde pongo lo hallado?

                                                                                                              -Silvio Rodriguez-

Un día llegó la pregunta,

buscó, buscó,

y buscó.

 

Llegó una respuesta,

lo agarró con la guardia baja

como casi siempre

como debe ser

y no respondió

nada.

 

Como casi siempre,

como debe ser

el toro por las astas

ó nada.


 

 


Si bien este espacio es para poder sacar algunas ideas, acomodar alguna neurona, y tratar de despegar un poquito de la realidad que generalmente me empuja contra el suelo… tu opinión ó comentario siempre será muy bien recibido.

Muchas gracias por el tiempo que empleaste llegando hasta acá, espero haberte dejado algún sentimiento, una idea, ó algo a cambio.

Salute!

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Cosas que pasan

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Cosas que pasan

                                                   -Che ci crediate o no-

 

En el año 1976, luego de abandonar por diferentes motivos la facultad de ingeniería, entré a trabajar en una fábrica de frenos para automóviles, camiones, tractores, etc., llamada Bendix, en el departamento de control de calidad.

El primer día de trabajo, me presentaron a un compañero llamado Corizzo, alias el Chori, que sería el encargado de presentarme a los demás integrantes de nuestro dpto, alrededor de unas 40 personas.

En cuanto me saludó, se asombró por el parecido físico que tenía con su hermano menor, quien también trabajaba en la fábrica, en nuestro mismo dpto. Como Chori era una persona muy afecta a la diversión, un jodón para ser más preciso, se le ocurrió presentarme ante los compañeros como el hermano mellizo de su hermano menor.

Evidentemente el parecido sería muy real porque toda la gente de la fábrica me veía como el hermano nuevo de los Corizzo, y en más de una ocasión tuve que aclarar que era yo, y no el otro, que también por cierto era un tipo muy extrovertido y jodón, como su hermano real, y no como el que suscribe…

Con el tiempo, empezamos a juntarnos con mi nuevo “hermano” fuera del horario de trabajo, algunos viernes ó sábado a la noche, dado que compartíamos muchos gustos similares, y en todos lados nos presentábamos uno al otro como “mi hermano mellizo”.

Casualmente, en una ocasión, coincidimos en el mismo transporte a la salida del trabajo,  en el viaje de vuelta a nuestras casas, Íbamos sentados uno al lado del otro, y me comentó que se dirigía a la avenida Cabildo para buscar un regalo para su novia, que cumplía años al otro día. No fue poca mi sorpresa, yo había cambiado ese día de línea de colectivo justamente por ese mismo motivo, buscar un regalo para mi novia que cumplía años el día siguiente, y me dirigía al mismo centro comercial. No sólo éramos “casi” mellizos, teníamos una novia que cumplía años exactamente el mismo día que la otra.

No recuerdo como fue el siguiente detalle que nos paralizó, estábamos buscando regalos para nuestras queridas cumpleañeras, creo que eligiendo una cadenita para el cuello, con un dije de plata con la inicial del nombre de la agasajada, ó algo similar, pero en algún momento, uno de los dos nombró a su pareja, automáticamente los dos nos quedamos asombrados, incrédulos, temerosos… teníamos también, por increíble que parezca, además de nuestro llamativo parecido físico, novias que habían nacido el mismo día, y que compartían el mismo nombre…

Por si cabe la aclaración, y por suerte para nosotros, no compartían otra cosa más que lo dicho…

Salute!

POSDATA

El 26 de Octubre de 1976, mi hermano postizo, quien nunca jamás había militado en ningún partido político, como en ninguna actividad estudiantil ni gremial, al salir de la fábrica fue llevado en un auto civil, sin patente, por tres personas trajeadas, nunca se supo más nada de él.

Desde el 10 de Noviembre de 1976 vivo en esta ciudad, las noches son muy frías, e infinitamente largas.

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El Sueño de los Rescatadores

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 El Sueño de los Rescatadores  

                                           -Ellos-

 

Recordó nítidamente, que en esa gran habitación del sanatorio en la que había entre diez y doce personas, reinaba ese júbilo tan particular que se produce después de una internación prolongada, y ya sabiendo que el mal momento ha pasado, se imponen los preparativos del tan ansiado regreso a casa.

Entre hermosos arreglos florales, saludos, felicitaciones, y algún “yo ya sabía que te ibas a poner bien… “, se asoman por la puerta ellos. Serían, le pareció ver, tres hombres y dos mujeres, que rondarían todos entre los veinte y veinticinco años de edad. Con mucho sigilo, tratando de pasar inadvertido, uno de ellos se desplazó hacia adentro de la habitación, saludando muy naturalmente a quien se le cruzaba por delante. Con total soltura tomó unos libros que estaban sobre una mesa, y muy suavemente, con movimientos casi felinos, se fue retirando hacia el pasillo donde lo esperaban sus compañeros, para escabullirse todos juntos entre la gente que deambulaba por el sanatorio.

Él había estado observando todo ese desplazamiento, que no habrá durado, desde que se asomaron, más de treinta segundos. Cuando por fin pudo entender lo sucedido (siempre su cerebro responde un ratito después de lo que le gustaría en estos casos…), también se dio cuenta que uno de los libros que se habían llevado ellos, era suyo. Ninguna de las visitas notó, ó tomó en cuenta todos esos movimientos, quizás pensando que la persona que entró y tomó esos libros con tanta naturalidad, era un conocido del internado.

Salió al pasillo y emprendió la búsqueda de estos personajes. No habrá recorrido más de tres pasillos cuando dio con ellos. Se sorprendió al verlos en una situación muy similar a la vivida momentos antes. Otra vez estaban en la puerta de una habitación, y pudo ver como uno de ellos salía de allí con varios libros entre sus manos. El primer impulso de reclamar su libro y denunciar sus hábitos, fue demorado por vaya a saber qué motivo (y esta vez le agradeció a su cerebro el ratito que se tomó…).

Los estuvo siguiendo por el sanatorio y repitieron la misma escena varias veces más, todo esto para luego acomodarse en una sala de espera, mezclados con los pacientes, y entregarse a la lectura en una forma desaforada, ansiosa, desmedida; como si en esos libros estuviera escrito el modo de conocer los caminos para llegar al tan ansiado dharma, ó tal vez encontrar algún secreto que los lleve a ser poseedores de la más absoluta de las verdades; no levantaban la vista en ningún momento, se zambullían en los libros, sonreían, lloraban, gesticulaban, estaban sumergidos en esos textos, en esas historias, viviéndolas como propias.

Empezó a observarlos con más detenimiento siguiéndolos durante varios días, y de a poco, fue descubriendo su accionar. Hambrientos de lectura, recurrían a una técnica que parecían tener muy aceitada.  No hacían otra cosa que rescatar algún libro de los lugares donde nosotros los simples mortales nos entregamos a las letras. Luego, para leerlos, sorteaban los turnos respetándolos religiosamente, saciando su apetito por un rato nomás. Una vez que todos habían leído el material rescatado, lo devolvían a su lugar, y comenzaban otro periplo en una secuencia de estas acciones, interminable.

Este grupo de seres tan silenciosos, tan suaves en sus movimientos, y de necesidades vitales tan extrañas, le estaban inspirando simpatía y hasta un cierto afecto.

Lástima que en algún momento, cree que fue mientras los observaba amontonados en el subte oteando por sobre el hombro de un pasajero el libro que leía, no pudo más de cansancio y dormitó unos instantes. Al abrir los ojos, estaban caminando por el andén, y el subte retomando su marcha lo llevaba inexorablemente a perderles el rastro.

Preguntó primero en varias bibliotecas, pero le informaron que los conocían y hacía mucho tiempo que les habían prohibido la entrada, dado que si los dejaban pasar, luego, a la hora de cerrar las puertas, no había manera de hacerles abandonar la sala y armaban unos escándalos insoportables.

Todavía hoy los sigue buscando. Mira en las salas de espera, en los salones de estar de los hoteles, en las peluquerías, en los coche-cama de los trenes, pero triste y angustiosamente no los puede encontrar.

De todas formas, todo esto fue sólo un sueño. De esos sueños que no querría despertar, que desearía continuar y volver a soñar, esos que dejan una sensación de esperanza, y una sonrisa que querría perpetuar.

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Ernesto Palner

 

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Si bien este espacio es para poder sacar algunas ideas, acomodar alguna neurona, y tratar de despegar un poquito de la realidad que generalmente me empuja contra el suelo… tu opinión ó comentario siempre será muy bien recibido.

Muchas gracias por el tiempo que empleaste llegando hasta acá, espero haberte dejado algún sentimiento, una idea, ó algo a cambio.

Salute!

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Ansias

Y por momentos,

parece que sus ojos

buscaran un remanso

y caricias en los míos,

 

en los míos,

tan ansiosos de cobijarla.

 

Entonces,

¿son sus ojos lo que veo?

¿ó son las ansias de los míos?

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Ernesto Palner

 

 

 

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Si bien este espacio es para poder sacar algunas ideas, acomodar alguna neurona, y tratar de despegar un poquito de la realidad que generalmente me empuja contra el suelo… tu opinión ó comentario siempre será muy bien recibido.

Muchas gracias por el tiempo que empleaste llegando hasta acá, espero haberte dejado algún sentimiento, una idea, ó algo a cambio.

Salute!

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De querer y hacer

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De tanto hacer

lo que tenía que hacer,

se olvidó

que quería hacer.

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Xabier -ó de tetas, cuernos y destetes-

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Xabier

                                                           -ó de tetas, cuernos y destetes-

 

-¡Ostia, joder, quédate quieta ya! ¡Que no eres un perro, joder! ¡Tanto nervio por los petardos, niña! ¡Que yo quiero terminar ya, antes que tú, ostia! Pues mira, ahí va, muy bien, así, así, así, ahí vamos, tú te quedas así, así, quietecita, yo puedo acariciar tus tetas suavemente, los dos hacemos lo nuestro, y ya, a otra cosa. Que esta noche con suerte acaricio unas tetas de verdad, ostia. Que ya ni me acuerdo como era eso. ¡Venga, va, que ya nos vamos entendiendo, ahí va… joder!

Xabier, siempre ha trabajado en el tambo junto a su padre y a Patxi, su primo. Las vacas precisan atención todos los días del año; no existen sábados, domingos, ni feriados; no saben de citas, ni de encierros, ni de corridas, ni nada. Y ese día, Xabier tenía programado hacer exactamente todo eso. Lo de las corridas y encierros lo hizo ya desde pequeño, con los becerros, pero lo de las citas no era precisamente su fuerte. Salvo Martitza, quien a los catorce años fuera su primer, único, y gran amor, nadie sabía de la suavidad de esas manos en las partes más íntimas del cuerpo de una mujer. Desde que terminó la escuela, solamente se dedicaba al trabajo en el tambo, y en sus ratos libres, a prepararse para las corridas y encierros, que le daban esa sensación de riesgo, de vértigo, de ganarle a la muerte, de sentir que podía derrotarla para siempre y por siempre, como le hubiese gustado haberlo hecho con José, el andaluz ése que conquistó a Martitza, al que no tuvo la valentía de enfrentar, ó no se dio cuenta en el momento, que esa pérdida lo dejaría tan roto por dentro, tan triste, como se seguía sintiendo aún hoy, pese al tiempo que había pasado.

Por su físico exuberante, sus formas un poco toscas, y con unas manos que de tanto extraer hasta la última gota blanca que saliera de las ubres parecían estallar de grandeza, nadie pensaba que Xabier estaría con un dolor tan grande en su interior. Siempre sonriente, saludador a dos manos con quien se cruzara en el pueblo, poseía todo el semblante de una persona que tenía “la vaca atada”, como gustaba decir su padre de aquellos que tenían montones de billetes, ó se sentían bien con la vida. Iba siempre vestido de blanco, con su boina roja calada hacia la izquierda, orgullo de corredor en los sanfermines, y contaba con varias corridas de antología para los sabedores de esas lides. Para todos los expertos, salvo para su padre, que siempre recordaba más anécdotas ó gestos de valentía de otros corredores, como de Patxi, ó del Zurdo Etchegaray, que historias de su propio hijo, al que tenía por bastante flojo, y un tanto acobardado, según comentara en más de una ocasión en la bodega donde almorzaba a diario.

-¡Que sí apá, que sí! ¡Terminé recién con la Blanquita, que era la última, y la próxima vez que se ponga tan pero tan lenta, tendré que ablandarla a ostias! ¡Si esa vaca quiere guardarse la leche en sus tetas, que reviente, joder! ¡Todos los santos días lo mismo, ostia!

Terminada la rutina del tambo, Xabier juntó sus cosas, respiró hondo, tenía que ir a prepararse para la corrida, y para su cita. Saludó a todos, y cuando se estaba marchando escuchó a su primo Patxi:

-¡Eh Xabier, que quiero verte enfrentar los cuernos hoy, eh! ¡Venga, agur, buena corrida primo, agur!- se despedía.

Seguramente, Patxi hablaba sólo de lo que hablaba, de los cuernos de los toros, pero Xabier sentía como una molestia con esas frases, lo de “enfrentar los cuernos” no podía asimilarlo sólo como una cuestión de tauromaquia, le volvían a la mente el andaluz y Martitza.

Llegó a su casa, alistó lo necesario, revisó por última vez el ordenador, no sabía si quería tener la confirmación de la ansiada cita, posterior a la corrida, ó si prefería que esa mujer se hubiera echado atrás. Que no era miedo lo que sentía, no, pero estaba como molesto, nervioso. Hacía varios años que mantenían un intercambio de mensajes, se habían cruzado algunos “me gusta” de Facebook de un sitio* que visitaban ambos, y de repente un día, no recordaba como, empezaron una relación vía internet.

Todavía no se conocían personalmente, al parecer ella tenía una madre bastante absorbente, y con alguna enfermedad que requería su atención constante. Ahora, que la madre había fallecido hacía un tiempo, esta mujer tomaba un poquito las riendas de su propia vida, y le había propuesto a Xabier una cita. Mejor dicho, como ya venía conociendo a este hombre que lo sentía tan tierno, tan buena persona, y que por otro lado lo creía incapaz de invitarla a salir por su timidez evidente en lo que le escribía, hizo las cosas de tal forma que él creyera ser el que tomó la iniciativa de la cita, y de esa manera concretar el encuentro.

Xabier, revisó sus correos, la cita se mantenía en pié, a las 17 en el “Patisserie”, ese bar nuevo que habían abierto frente a la plaza Navarra. Una vez alistado para la corrida, salió decidido.

–Primero, lo primero- se dijo.

Como siempre, estaban preparadas y listas para la corrida una gran cantidad de personas. En cuanto liberaron a la bestia y comenzó la carrera, Xabier tomó la delantera junto a otro conocido corredor. Al cabo de unas calles, siempre con el toro por detrás de ellos, al doblar una esquina, sintió un griterío. Siguieron corriendo, doblaron nuevamente, pero el toro no aparecía, no les alcanzaba. Al cabo de unos segundos, apareció al fin esa bestia más embravecida que antes, y tirando cornadas en todas direcciones. Cuando al fin llegaron al encierro, con la bestia ya en la plaza de toros, Xabier había sido el primero, había triunfado otra vez, ó mejor dicho, por esta vez, le había ganado a esos cuernos amenazantes.

Pese a la alegría de haber hecho bien su faena, notaba en la gente un cierto pesar, no entendía que sucedía. Al parecer, según le contaron luego, ese griterío que escuchó en la corrida, fue a razón de una embestida que hizo el toro contra una señorita, que totalmente imprudente, y vaya uno a saber que iría pensando en que, había cruzado las vallas de contención, y no lo había sacado barato.

Xabier, luego de pasar por su casa para cambiarse de ropas, y de acuerdo a los planes de ese día, llegó a la cita a la hora pactada. Para reconocer a Cecilia, según lo convenido, ella estaría vestida totalmente de rojo, de la pañoleta a los calcetines.

El cuidador del corral, donde guardan los toros para la corrida del día siguiente, no supo como logró escabullirse, ni tampoco como salió con vida ese mozo que estaba enfrentando con sus puños ensangrentados los cuernos que lo apuntaban y rodeaban.

Lo cierto y triste es que, por culpa del destino, ó vaya a saber por culpa de quién, usted…  de tan inesperado final, fue.

Fin

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*Curiosamente, el sitio de internet donde se conocieron Cecilia y Xabier, es de una organización que trata de eliminar las sangrientas y brutales matanzas de toros, y proponen solamente mantener las corridas, los encierros, y luego los toreros que lidien con el animal a mano limpia; a capa y floreo, sin lastimarlo, ni mucho menos matarlo, ó sea, una forma de mantener la tradición, pero menos brutal, más pareja, más civilizada, y con verdadera valentía.

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                                                                                                                                                                          Ernesto Palner                                                                                                                           Oct’ 2015

De ecología y rarezas

20.09.2011 – Ghana/Accra – Ein Junge wirft einen Fernseher mehrere Male auf den Boden, um an das Metal zu kommen. Im Hintergrund werden Reifen verbrannt. 100.000 Tonnen Elektroschrott werden jedes Jahr aus Deutschland in Drittweltländer verschoben. Ein Großteil landet in Ghana, wo Kinder den Müll nach Wertstoffen durchsuchen. Sodom und Gomorrha wird das Slum und der Elektroschrott-Platz in Accra, Ghanas Haupt- und Hafenstadt, genannt. Dort nehmen größtenteils Kinder die toxischen Elektrogeräte ohne jeglichen Sicherheitsschutz-maßnahmen auseinander. Schäden  für Gesundheit und Umwelt sind die Folge.

A los niños les molestan los cambios, prefieren seguir viendo miles de veces esa película que tanto les gustó, antes que arriesgarse a perder tiempo mirando una nueva. Les molestan las mudanzas, los cambios de escuela, de cama, de taza, de etc. de etc. de etc.

Los ebrios y los niños siempre dicen la verdad, reza la creencia popular, con cierta razón vista en muchas ocasiones.

Siempre tuve la costumbre de no echar a la basura las cosas que quizás me fueran útiles en un futuro, ó que consideraba que no estaban para tirar a la basura, si no que podrían seguir dando el uso para el cual fueron creadas, quizás no por mi, pero tal vez por otra persona. ¿Porqué pasar a scrap, ó destrucción total, algo que sigue estando en condiciones de uso? Claro que de ese concepto, ó estilo de vida, a convertirse en el Diógenes de la historia, hay un paso. Hablo del Diógenes que por no deshacerse de cosas, un buen día su casa estaba tan llena de muebles y objetos que tuvo que buscarse otra morada, a la cual también llenó de muebles y de objetos, y así sucesivamente…

Algunos de mis conocidos se asombran que siempre tengo el tornillo de la medida necesaria para esa tuerca, ó la ruedita que se le rompió de esa mesita rodante, ó una madera que es de la medida que precisa para esa ventana. En ciertas ocasiones se me ha catalogado de “raro” por estas cuestiones de no desechar nada servible, y me hicieron reconsiderar que tan rara era mi costumbre.

A medida que mis cabellos se empeñan en abandonar mi cuero cabelludo y no regresar, y a medida que veo como se habla de “cambios climáticos”, de “ecología”, de “consumo inteligente”, etc. etc. y etc., Como también veo a gente queriendo conseguir desesperadamente el último modelo de GoPro, Drone, IPhone, Ipad, Iquebueno, y Ikegiles!!!

¿Cómo puede una misma persona decirse preocupada por la ecología, por las ballenas del norte de Pakistán, los pingüinos de Bolivia, ó los unicornios de Atlántida, y a la vez consumir estúpidamente, banalmente, sin saber por qué, ó para qué, cuanta estupidez le venden???

¿Qué será lo raro? ¿No preocuparse por el pibe que está en la esquina limpiando vidrios de autos ó pidiendo monedas, pero sí preocuparse por las ballenas? Que está bien cuidar las ballenas, pero hay prioridades.  ¿Preocuparse por los pingüinos pero no por la cantidad de baterías y componentes electrónicos que no se sabe donde tirar, y suman contaminación en forma exponencial? ¿Apoyar a Greenpeace que es una organización tan turbia como la peor de las mafias, pero vestiditos de verde y con caritas de buenos?

Domingo a la tarde, me confieso: lo mío no es raro.

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