Ernesto Palner

cuentos, poemas y pareceres

Continuidad de los tiempos

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Continuidad de los tiempos

de Cortázar a Arbolito y los otros

 

 “Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba del tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo por una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos”*

Aunque sabía que era una novela histórica, ó sea que no era más que una ficción basada en algún hecho real, sentía los sufrimientos y las pasiones de los personajes en lo más hondo de su cuerpo.

-Oiga Sargento, aliste a los hombres. Mañana al amanecer retomamos la marcha y los quiero a todos bien pertrechados, lanzamos la última embestida y eliminamos a todos esos indios de mierda.

-Si señor, aunque la tropa está un poco cansada señor… Pero a sus órdenes señor.

-Cansadas mis pelotas!!! Prepare a esos vagos y al que se amilane lo paso por mi facón, carajo!

Su mano izquierda, en estos pasajes del libro, se cerraba fuertemente, formando un puño que movía hacia arriba y abajo, rozando con los nudillos el terciopelo verde acariciado hasta hacía un momento.

A la madrugada siguiente, el ejército al mando del “guardián de las fronteras”, avanzó sobre la última toldería que quedaba a unas pocas leguas de Dolores, el primer pueblo patrio. Para economizar balas, que escaseaban en esos tiempos, el comandante mandó degollar a cuanto indio se encontrase, sean hombres, mujeres ó niños. Y así se hizo, a ningún milico se le ocurría contradecir al comandante, era mejor desertar y vivir desterrado y furtivo, antes que desafiar a terrible sanguinario. Degollar y economizar balas era la consigna.

Se dio cuenta, cuando ya le quemaba la piel de los nudillos al rozar tan insistentemente el terciopelo del sillón, que la novela lo estaba alterando demasiado. Decidió abandonarla un momento, y servirse un whisky con bastante hielo, para de paso refrescar su colorado puño. Al tomar el vaso con su mano derecha, notó una mancha roja en la manga de su robe de chambre beige que había traído de París hacía un mes. Pese a que esa mancha llamó su atención y lo puso de mal humor, decidió seguir con su novela.

-Le aseguro a mi pueblo, que todas estas muertes serán vengadas por mí y nuestros hombres –dijo el jefe ranquel-. Y tomo personalmente el compromiso de cumplir y hacer cumplir estas palabras –sentenció en su lengua mezcla de araucano, mapuche y ranquel.

En todas las comunidades aborígenes, reinaba el miedo, la angustia, el terror por las noticias llegadas sobre esos avances sanguinarios del ejército, al mando del que se hacía llamar “el guardián de las fronteras”. La única esperanza dentro de las comunidades, era saber que el jefe ranquel que se comprometía a defenderlos, no se rendiría hasta cumplir su promesa.

Al comandante le llegó la felicitación del gobernador desde Buenos Aires. Lo premiaba por su defensa de la patria, con 500 leguas cuadradas en el lugar conquistado que él eligiese.

Habrá sido por el whisky, por un día tan largo, ó no sabía porque,  pero de repente sintió mucho cansancio. Le pidió a su mayordomo que le prepara una cena liviana así se retiraba a descansar temprano, y así lo hizo. Al quitarse la bata, notó que no era  solamente una mancha roja en su manga, si no varias y por distintos sitios, tendría que avisarle al mayordomo que tenga más cuidado con su ropa.

Por la mañana recorrió la finca, se sintió conforme con la elección del personal a su cargo, había faltado un buen tiempo estando de viaje, pero se mantenía todo en perfectas condiciones. Tendría que ir pensando en delegar algunas cosas más, y dedicarse más tiempo a darse sus gustos. Almorzó en el parque, debajo de los robles, como solían hacerlo con su mujer cuando ésta aún vivía. Pidió que le sirvan el café en el estudio, se sentó en su sillón verde, con vista al parque, y se entregó a la lectura de las últimas páginas de la novela que tanto lo apasionaba.

Envalentonado por sus últimas incursiones en territorio indígena, y sintiéndose apoyado por Buenos Aires, el comandante sanguinario decidió seguir hacia el oeste, donde figuraban en su mapa otros asentamientos indígenas rebeldes a la corona española.

-Preparen a los hombres y con sus sables bien afilados, mañana retomamos nuestra ardua y gloriosa labor de agrandar las fronteras de la patria –les decía convencido de su buena obra a sus oficiales. Y para incitarlos a cumplir bien su matanza, les prometía terrenos para construir sus casas, que disfrutarían con sus familias al lograr conquistar ese desierto.

Leía esas palabras y sentía que él era el único hombre en la tierra capaz de frenar semejante matanza de inocentes. No podía dejar de rozar sus puños en el terciopelo del sillón. Sentía bajo sus pies la tierra de esas pampas cubiertas de sangre, escuchaba los alaridos de las mujeres y los niños, lo sacudía el dolor de esos hombres embestidos brutalmente en nombre de la civilización. Olía la sangre, acariciaba el cabello de las ancianas degolladas por su único pecado de ser nativas de esa tierra con tantas riquezas, y tan deseadas por esos invasores asesinos.

En la desenfrenada embestida, la que fue llamada la Batalla de las Vizcacheras, el comandante observaba la lucha desde la retaguardia de sus hombres, maravillado con la facilidad con que reducían a carne muerta a esos indígenas, era real que sus soldados estaban muy bien entrenados.

Nunca se supo si fue realmente el jefe ranquel, si fue un cabo de los Blandengues, ó si fue otro personaje del que se habla, pero que nadie pudo identificar. En lo que si coinciden varios historiadores, es que el cuerpo del comandante, ya sin cabeza, siguió ladeado en el flanco izquierdo del caballo, enganchado por uno de sus pies al estribo, atravesando el campo de batalla y barriendo con todo su cuerpo, la tierra empapada de sangre.

De la cabeza del  “guardián de las fronteras”, no se sabe quién la levantó, ni tampoco si la misma mano que la llevó de trofeo por varios pueblos, fue la misma que lo decapitó de un solo golpe.

Por la mañana, el mayordomo le dejó preparado el desayuno junto al hogar, con los leños encendidos. Luego, se dirigió al estudio para recoger el vaso de whisky, que como era costumbre, dejaba su patrón en la mesita, al lado del sillón verde. Las ventanas del estudio se encontraban selladas desde hacía mucho tiempo, nadie podía salir ni entrar al parque por ahí. No entendía como llegaron esas huellas de barro color marrón rojizo al estudio, ni tampoco porque su patrón, cuando bajó a desayunar, tenía un gesto como de satisfacción, como de deber cumplido…


                                                                                                                               Ernesto Palner

*”Continuidad de los Parques” de Julio Cortázar

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Si bien este espacio es para poder sacar algunas ideas, acomodar alguna neurona, y tratar de despegar un poquito de la realidad que generalmente me empuja contra el suelo… tu opinión ó comentario siempre será muy bien recibido.

Muchas gracias por el tiempo que empleaste llegando hasta acá, espero haberte dejado algún sentimiento, una idea, ó algo a cambio.

Salute!

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Asperezas

 

Será el individualismo,

el neo-liberalismo,

el pesimismo,

o algún otro ismo,

pero últimamente

cada vez hay más sujetos

que hay que mover, y mover

de casillero.


Hoy los ponés en el de “un tanto ignorantes”,

pero mañana te das cuenta que no.


Los pasás al de “reverendos hijos de puta”,

pero luego los tenés que volver a su lugar original,

demostraron supina ignorancia.


En menos de un segundo nuevamente son mala gente,

de puro ignorantes, o no, pero mala gente,

y van pasando de casillero a casillero,

infinitamente, inconscientemente,

lastimando y abollando cuanto ser se les cruce,

sin escalas.


Así van, desorientando al prójimo,

sin poder predecirlos,

ni tan siquiera ayudarlos en su indefinida vida,

absolutos huérfanos de lógica alguna.


Hijos de puta, pero hijos de puta de verdad,

inteligentes, coherentes,

y premeditados hijos de puta,

que se pueda decir:

-¡Qué flor de hijo de puta!

muy pocos…

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…en esa desintegración que la maldad provoca

nos sentimos todos licuados…

…nos acompañamos en los ojos abiertos,

y eso en algún momento florecerá en cambios.

                                                                              Loli

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De peces náufragos

Presentación1

 

De peces náufragos

Cuando despertó, otra nueva lágrima rodaba hasta su boca.

Buscó lo ausente, sabiendo de su ausencia.

Se levantó erguido, apoyó firmes los pies en la tierra,

abrió el pecho aspirando muy hondo, aunque raspara.

La ventana ya estaba abierta.

Solamente fue despegarse del suelo, soltarse, abrir los brazos.

Luego reír, reír, y reír, sintiendo el viento que le deformaba la cara,

en ese vuelo definitivo, refrescante,

liberador.

 

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-Microficción, seleccionada por El Pez Náufrago, el excelente ciclo radial del estimado Tom Lupo.

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El Pato y la Justicia

 

 

El Pato y la Justicia

 

Lo bueno de las crucetas del 2CV era que avisaban antes de romperse, hacían un crack, crack, crack, muy sonoro, y si tenías el Citroen hacía un tiempo, ya sabías que eran las crucetas que estaban dando por terminada su vida útil, y más te valía andar despacio, sobre todo en calles de empedrado ó poceadas.

Uno de los días de crack, crack, crack, andaba por el barrio de la Boca, iba subiendo al puente que cruzaba hacia el otro lado del Riachuelo, y al comienzo de la subida había un cartel que decía “CAMIONES POR LA DERECHA”. Era un puente de hierro, todavía conservaba las vías del tranvía y unos parches de asfalto nuevo sobre el asfalto viejo totalmente destruido, además de adoquines de diferentes épocas, desparejos, y con pozos entre medio de ellos como para romper cualquier auto si uno andaba medio desprevenido.

Como iba a tener que cruzar despacio, se puso en el carril de la derecha para no estorbar al tráfico. Arriba, en el medio del puente, había un puesto policial delimitando la capital federal con provincia. Lo detuvo un policía, y después de pedirle toda la documentación personal y la del auto, le dijo que tenía que hacerle una multa por transitar por el carril derecho. Con sus 18 años recién cumplidos, le comentó que en el cartel que estaba al comienzo del puente decía “CAMIONES POR LA DERECHA”, y no decía que sea exclusivo para camiones, lo cual habilitaba a circular por ese carril. Al policía le importó tres carajos su relato, era evidente que lo sabía, pero si no arreglaba… le tenía que hacer un acta de infracción. No entraba en su cabeza darle una coima a nadie, le respondió que le haga la multa si quería, que luego él se arreglaría en todo caso hablando con el juez.

A los pocos meses lo citaron al tribunal municipal de faltas, ex Mercado del Plata. Se presentó ante el juez, que como en las películas estaba en un estrado por lo menos un metro arriba de su cabeza, y de su lado unas pocas sillas donde se sentaban todos los supuestos infractores. Cuando lo llamó al estrado, y sin que él dijera una palabra, le leyó lo redactado por el policía, ó sea que había circulado por el carril derecho en el puente, y que tenía que pagar $ 100 de multa. La conversación fue más ó menos así:

JUEZ: -Señor, usted cometió la falta citada en el acta correspondiente y debe abonar una multa de $ 100 en caja, luego con el recibo se presenta a mi secretario y se libera de la infracción.

ÉL: -Señor ju….

JUEZ: -No no no, escúcheme bien, porque no se lo repito, si usted paga ahora son $ 100, si usted quiere hablar, y lo tengo que escuchar, va a pagar un mínimo de $ 500 diga lo que diga.

ÉL: -Pero es que le quiero explic….

JUEZ: -Explíqueme lo que quiera, pero entienda que si sigue hablando la multa es de $ 500 ó más, de lo contrario se mantiene callado, va a pagar los $ 100, y se cierra el caso.

Por supuesto, pagó los $ 100 y se volvió a su casa con la indignación, la bronca y la impotencia bien dobladitas en el bolsillo.

Era el año 1975, tenía  18 años, y fue su primera experiencia con “la justicia”.

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Respuestas

ORÁCULO-DELFOS

Respuestas

                                                                                   -¿Qué hago ahora,

                                                                                                 dónde pongo lo hallado?

                                                                                                              -Silvio Rodriguez-

Un día llegó la pregunta,

buscó, buscó,

y buscó.

 

Llegó una respuesta,

lo agarró con la guardia baja

como casi siempre

como debe ser

y no respondió

nada.

 

Como casi siempre,

como debe ser

el toro por las astas

ó nada.


 

 


Si bien este espacio es para poder sacar algunas ideas, acomodar alguna neurona, y tratar de despegar un poquito de la realidad que generalmente me empuja contra el suelo… tu opinión ó comentario siempre será muy bien recibido.

Muchas gracias por el tiempo que empleaste llegando hasta acá, espero haberte dejado algún sentimiento, una idea, ó algo a cambio.

Salute!

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Cosas que pasan

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Cosas que pasan

                                                   -Che ci crediate o no-

 

En el año 1976, luego de abandonar por diferentes motivos la facultad de ingeniería, entré a trabajar en una fábrica de frenos para automóviles, camiones, tractores, etc., llamada Bendix, en el departamento de control de calidad.

El primer día de trabajo, me presentaron a un compañero llamado Corizzo, alias el Chori, que sería el encargado de presentarme a los demás integrantes de nuestro dpto, alrededor de unas 40 personas.

En cuanto me saludó, se asombró por el parecido físico que tenía con su hermano menor, quien también trabajaba en la fábrica, en nuestro mismo dpto. Como Chori era una persona muy afecta a la diversión, un jodón para ser más preciso, se le ocurrió presentarme ante los compañeros como el hermano mellizo de su hermano menor.

Evidentemente el parecido sería muy real porque toda la gente de la fábrica me veía como el hermano nuevo de los Corizzo, y en más de una ocasión tuve que aclarar que era yo, y no el otro, que también por cierto era un tipo muy extrovertido y jodón, como su hermano real, y no como el que suscribe…

Con el tiempo, empezamos a juntarnos con mi nuevo “hermano” fuera del horario de trabajo, algunos viernes ó sábado a la noche, dado que compartíamos muchos gustos similares, y en todos lados nos presentábamos uno al otro como “mi hermano mellizo”.

Casualmente, en una ocasión, coincidimos en el mismo transporte a la salida del trabajo,  en el viaje de vuelta a nuestras casas, Íbamos sentados uno al lado del otro, y me comentó que se dirigía a la avenida Cabildo para buscar un regalo para su novia, que cumplía años al otro día. No fue poca mi sorpresa, yo había cambiado ese día de línea de colectivo justamente por ese mismo motivo, buscar un regalo para mi novia que cumplía años el día siguiente, y me dirigía al mismo centro comercial. No sólo éramos “casi” mellizos, teníamos una novia que cumplía años exactamente el mismo día que la otra.

No recuerdo como fue el siguiente detalle que nos paralizó, estábamos buscando regalos para nuestras queridas cumpleañeras, creo que eligiendo una cadenita para el cuello, con un dije de plata con la inicial del nombre de la agasajada, ó algo similar, pero en algún momento, uno de los dos nombró a su pareja, automáticamente los dos nos quedamos asombrados, incrédulos, temerosos… teníamos también, por increíble que parezca, además de nuestro llamativo parecido físico, novias que habían nacido el mismo día, y que compartían el mismo nombre…

Por si cabe la aclaración, y por suerte para nosotros, no compartían otra cosa más que lo dicho…

Salute!

POSDATA

El 26 de Octubre de 1976, mi hermano postizo, quien nunca jamás había militado en ningún partido político, como en ninguna actividad estudiantil ni gremial, al salir de la fábrica fue llevado en un auto civil, sin patente, por tres personas trajeadas, nunca se supo más nada de él.

Desde el 10 de Noviembre de 1976 vivo en esta ciudad, las noches son muy frías, e infinitamente largas.

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El Sueño de los Rescatadores

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 El Sueño de los Rescatadores  

                                           -Ellos-

 

Recordó nítidamente, que en esa gran habitación del sanatorio en la que había entre diez y doce personas, reinaba ese júbilo tan particular que se produce después de una internación prolongada, y ya sabiendo que el mal momento ha pasado, se imponen los preparativos del tan ansiado regreso a casa.

Entre hermosos arreglos florales, saludos, felicitaciones, y algún “yo ya sabía que te ibas a poner bien… “, se asoman por la puerta ellos. Serían, le pareció ver, tres hombres y dos mujeres, que rondarían todos entre los veinte y veinticinco años de edad. Con mucho sigilo, tratando de pasar inadvertido, uno de ellos se desplazó hacia adentro de la habitación, saludando muy naturalmente a quien se le cruzaba por delante. Con total soltura tomó unos libros que estaban sobre una mesa, y muy suavemente, con movimientos casi felinos, se fue retirando hacia el pasillo donde lo esperaban sus compañeros, para escabullirse todos juntos entre la gente que deambulaba por el sanatorio.

Él había estado observando todo ese desplazamiento, que no habrá durado, desde que se asomaron, más de treinta segundos. Cuando por fin pudo entender lo sucedido (siempre su cerebro responde un ratito después de lo que le gustaría en estos casos…), también se dio cuenta que uno de los libros que se habían llevado ellos, era suyo. Ninguna de las visitas notó, ó tomó en cuenta todos esos movimientos, quizás pensando que la persona que entró y tomó esos libros con tanta naturalidad, era un conocido del internado.

Salió al pasillo y emprendió la búsqueda de estos personajes. No habrá recorrido más de tres pasillos cuando dio con ellos. Se sorprendió al verlos en una situación muy similar a la vivida momentos antes. Otra vez estaban en la puerta de una habitación, y pudo ver como uno de ellos salía de allí con varios libros entre sus manos. El primer impulso de reclamar su libro y denunciar sus hábitos, fue demorado por vaya a saber qué motivo (y esta vez le agradeció a su cerebro el ratito que se tomó…).

Los estuvo siguiendo por el sanatorio y repitieron la misma escena varias veces más, todo esto para luego acomodarse en una sala de espera, mezclados con los pacientes, y entregarse a la lectura en una forma desaforada, ansiosa, desmedida; como si en esos libros estuviera escrito el modo de conocer los caminos para llegar al tan ansiado dharma, ó tal vez encontrar algún secreto que los lleve a ser poseedores de la más absoluta de las verdades; no levantaban la vista en ningún momento, se zambullían en los libros, sonreían, lloraban, gesticulaban, estaban sumergidos en esos textos, en esas historias, viviéndolas como propias.

Empezó a observarlos con más detenimiento siguiéndolos durante varios días, y de a poco, fue descubriendo su accionar. Hambrientos de lectura, recurrían a una técnica que parecían tener muy aceitada.  No hacían otra cosa que rescatar algún libro de los lugares donde nosotros los simples mortales nos entregamos a las letras. Luego, para leerlos, sorteaban los turnos respetándolos religiosamente, saciando su apetito por un rato nomás. Una vez que todos habían leído el material rescatado, lo devolvían a su lugar, y comenzaban otro periplo en una secuencia de estas acciones, interminable.

Este grupo de seres tan silenciosos, tan suaves en sus movimientos, y de necesidades vitales tan extrañas, le estaban inspirando simpatía y hasta un cierto afecto.

Lástima que en algún momento, cree que fue mientras los observaba amontonados en el subte oteando por sobre el hombro de un pasajero el libro que leía, no pudo más de cansancio y dormitó unos instantes. Al abrir los ojos, estaban caminando por el andén, y el subte retomando su marcha lo llevaba inexorablemente a perderles el rastro.

Preguntó primero en varias bibliotecas, pero le informaron que los conocían y hacía mucho tiempo que les habían prohibido la entrada, dado que si los dejaban pasar, luego, a la hora de cerrar las puertas, no había manera de hacerles abandonar la sala y armaban unos escándalos insoportables.

Todavía hoy los sigue buscando. Mira en las salas de espera, en los salones de estar de los hoteles, en las peluquerías, en los coche-cama de los trenes, pero triste y angustiosamente no los puede encontrar.

De todas formas, todo esto fue sólo un sueño. De esos sueños que no querría despertar, que desearía continuar y volver a soñar, esos que dejan una sensación de esperanza, y una sonrisa que querría perpetuar.

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Ernesto Palner

 

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Muchas gracias por el tiempo que empleaste llegando hasta acá, espero haberte dejado algún sentimiento, una idea, ó algo a cambio.

Salute!

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Ansias

Y por momentos,

parece que sus ojos

buscaran un remanso

y caricias en los míos,

 

en los míos,

tan ansiosos de cobijarla.

 

Entonces,

¿son sus ojos lo que veo?

¿ó son las ansias de los míos?

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Ernesto Palner

 

 

 

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Salute!

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De querer y hacer

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De tanto hacer

lo que tenía que hacer,

se olvidó

que quería hacer.

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